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¿Es verdad que tenemos algo de pescado?

«Mire, señora, podemos ver su cabeza, cola y fosas nasales… ¡Es un bebé hermoso!» ¡Imaginemos que a la cabeza de la madre se le dice durante la primera ecografía del embarazo que va a dar a luz un pez! Sin embargo, después de nueve meses, vendrá al mundo un hombrecito muy normal, sin branquias ni cola.

¿De dónde vienen estos rasgos y por qué desaparecen? No somos peces… ¡pero lo éramos! ¡Y nuestro cuerpo lo recuerda bien! Hace 500 millones de años había peces de los que descienden todos los vertebrados. Con el tiempo y la evolución, los cambios anatómicos se han acumulado para formar la especie tal como la conocemos hoy. Esto no es exclusivo de los humanos: todos los embriones de vertebrados se parecen al principio de su desarrollo antes de la diferenciación.

El feto se reconstituye y pierde la cola de pez a partir de la octava semana

Pero ¿cómo esa cola ancestral, tan claramente visible a partir de la quinta semana, y que se convertiría en la aleta caudal de un pez, podría desaparecer en el embrión humano, que ya casi no quedaba de la octava semana? Gracias al fenómeno de la muerte celular (del que aquí estamos hablando) que, impulsado por nuestro programa genético, nunca deja de esculpir un embrión para darle su forma definitiva. La apoptosis elimina la «cola de pez», que se ha vuelto inadecuada, dejando al recién nacido solo con el cóccix.

En cuanto a las «branquias», estos son solo contornos: una serie de arcos separados por surcos que miran hacia los «bolsillos» del endodermo. Para formar la branquia, el surco debe conectarse con el seno correspondiente, para formar una hendidura por la que pueda penetrar el agua. Sin embargo, tal comunicación está ausente en vertebrados terrestres como los humanos. En su interior, los arcos branquiales se desarrollarán en diferentes estructuras de la cara y el cuello (tímpano, orejas, etc.).

¡Todo nuestro patrimonio acuático no desaparece!

La desaparición, entonces, ¿es este patrimonio? No completamente. Por ejemplo, como en los peces, los testículos humanos se forman muy arriba en el cuerpo cerca del hígado. Luego descienden al escroto, que se encuentra fuera del abdomen. Sin embargo, para la fijación en este saco, el cordón espermático pasa a través de una abertura en la pared abdominal, creando un área de debilidad en el origen de la hernia inguinal. Un legado doloroso que nos recuerda que nuestros cuerpos se construyen sobre el mosaico sucesivo de la evolución…

Según Cieloesazul.com QR n° 23 «Nuestros abuelos y nosotros» – Navegar / Comprar

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